Desarrollo mi trabajo desde el caminar como una práctica cotidiana, pero atenta. Camino sin separar la vida de la estética ni la observación del método. En el recorrido se entrelazan la experiencia, la imagen y la información que habita el espacio público. El territorio no lo entiendo solo como un lugar físico, sino como un entramado de relaciones, gestos, economías, memorias y formas de habitar que se revelan mientras se camina.
Desde 2017, el caminar se convirtió en una herramienta central de mi práctica artística. A través de recorridos prolongados por distintos sectores de la ciudad, observo, registro, me relaciono con el otro y recojo fragmentos de lo que ocurre en la calle: encuentros, objetos, arquitecturas, transformaciones y tensiones propias del espacio urbano. Este proceso se sostiene en la observación directa, la escucha y el registro constante en cuadernos, fotografía y archivo audiovisual, pero también en los afectos que se construyen con las personas y los lugares que hacen parte de estos recorridos.
Entiendo el territorio como un espacio organico, con vida y cambiante. Me interesa cómo las dinámicas sociales, económicas y culturales se inscriben en los cuerpos, en los objetos y en las arquitecturas, y cómo esas marcas van construyendo memoria. Cada salida deja algo: vivencias, imágenes, dudas, preguntas que no se cierran del todo. El archivo, más que un registro fijo, funciona como un dispositivo en expansión donde se articulan obra, proceso y pensamiento.
Este enfoque atraviesa tanto mi trabajo pictórico como mis proyectos de investigación–creación y pedagogía, donde el caminar, el registro y la observación se activan como herramientas para producir conocimiento situado y una lectura crítica del entorno urbano.