
Camino para entender. Cada recorrido por Cali me enseña algo nuevo sobre cómo habitamos la ciudad y cómo la ciudad nos habita.
Soy artista plástica caleña y, desde hace más de una década, mi práctica se centra en la exploración territorial a través de la deriva consciente, la pintura, la fotografía y el archivo.
Mi trabajo surge del cruce entre lo personal y lo político. Empecé caminando por miedo —ese miedo urbano que conocemos las mujeres—, pero esa práctica se transformó en metodología, en fascinación, en manera de conocer. Cada paso documenta transformaciones como la gentrificación en barrios como El Calvario, las resistencias comunitarias, las fachadas que se convierten en memorias que se borran pero insisten en permanecer.
A través de proyectos como Érase una vez bajo techo (2017–2025), he desarrollado archivos visuales que registran territorios en transformación, especialmente en zonas rurales del Valle del Cauca donde las condiciones de habitabilidad revelan inequidades estructurales. Mi pintura dialoga con la fotografía, la cianotipia y el registro sonoro para crear constelaciones de memoria material.
CartoGráficas, mi metodología más reciente, lleva esta práctica al ámbito pedagógico: jóvenes de 14 a 20 años aprenden a leer su territorio a través de caminatas exploratorias, registro sensorial y creación gráfica colectiva. La Estampa Lab funciona como plataforma digital que democratiza estas herramientas, convirtiendo la calle en aula y el barrio en laboratorio.
Busco crear espacios de reflexión sobre territorio y arte como herramienta educativa, trabajando directamente con las comunidades desde sus propios contextos. Cada proyecto devuelve al territorio las herramientas que el territorio me ha dado. Mi práctica se nutre de la educación popular, la pedagogía crítica y la convicción de que el arte debe circular fuera de las instituciones tradicionales para generar transformaciones reales.