Errantes

Errantes comienza en la calle, al notar cómo ciertos cuerpos fueron quedando fijos en el paisaje urbano de Cali, casi como bolardos peatonales: presencias que la ciudad aprende a esquivar. Esto se hizo especialmente visible en el centro, a partir del desplazamiento de personas que permanecían de manera constante en un barrio llamado El Calvario.

La gentrificación no afecta solo a quienes son expulsados. También modifica los barrios vecinos y las formas de habitar la calle. Cambia los ritmos, los usos y las percepciones del espacio común. Lo permanente y lo pasajero empiezan a mezclarse, y la convivencia fuera de casa se vuelve tensa, inestable.

Entre 2017 y 2019 recorrí de manera recurrente el centro y el sur de Cali. Registré imágenes, escenas y encuentros que se fueron acumulando sin una intención previa de convertirse en obra. Errantes apareció como consecuencia de esas experiencias: primero como archivo, luego como pintura y experimentación material y fotográfica.

Lo que se presenta aquí no es una serie cerrada ni un relato ordenado. Son fragmentos de una experiencia urbana marcada por el tránsito, el desgaste y la permanencia. Cuerpos que ocupan espacios que no fueron pensados para quedarse. Arquitecturas que cargan huellas de uso, abandono y resistencia.

Errantes terminó siendo, sin proponérselo, un laboratorio de observación prolongado: un lugar donde el registro, el archivo y la pintura se rozan sin resolverse del todo. La imagen no busca fijar lo visto; insiste en dejarlo abierto. Con el tiempo, entendí este proyecto como un punto de origen. De ahí se desprenden los trabajos que desarrollo hoy y la manera en que miro, registro y traduzco la experiencia urbana en imagen.

 

Marco conceptual

Errantes se centra en las transformaciones del espacio urbano cuando el cuerpo y usos no previstos se vuelven parte del paisaje. El proyecto observa cómo la ciudad reacciona, absorbe o desplaza estas presencias, y cómo esa reorganización modifica las formas de habitar la calle.

El interés no está en representar escenas ni en construir un relato urbano cerrado, sino en trabajar sobre una fricción concreta: la convivencia forzada entre tránsito y permanencia. Errantes se detiene en los puntos donde la lógica del paso se interrumpe y aparecen cuerpos que ocupan, resisten o sostienen el espacio desde la intemperie.

El trabajo se construye a partir de la insistencia en el territorio. Volver a los mismos lugares permite reconocer cambios mínimos, desplazamientos silentes y continuidades que suelen pasar desapercibidas. Esta aproximación se vincula con una mirada cercana a la antropología urbana, entendida no como disciplina académica, sino como práctica de atención a lo cotidiano: gestos, ritmos y relaciones que configuran la vida en la calle.

La ciudad se entiende aquí como un sistema inestable, donde arquitectura y cuerpos se afectan mutuamente. La pintura y la experimentación material aparecen como un segundo tiempo del proceso, cuando el registro ya se ha convertido en residuo. La imagen sostiene la tensión entre lo visible y lo tolerado, entre lo que permanece y lo que incomoda.

Contexto de investigación

El desarrollo de Errantes coincide con transformaciones en el centro de Cali, especialmente en el sector de El Calvario. Procesos de renovación urbana desplazaron oficios, economías informales y poblaciones hacia otras zonas de la ciudad, redistribuyendo dinámicas que antes estaban concentradas en un solo punto.

Estos movimientos hicieron visibles nuevas formas de habitar la calle: cuerpos en tránsito constante, arquitecturas en desgaste, usos no previstos del espacio público. Errantes se construye desde ahí, como un registro sensible de esas transformaciones y de los ritmos urbanos que emergen cuando la ciudad se reconfigura.

Aunque el proyecto nace en Cali, estas tensiones no son exclusivas de un lugar. Por eso Errantes encuentra resonancia en otros contextos urbanos, donde los procesos de desplazamiento, renovación y exclusión adoptan distintos ritmos, pero comparten una misma fricción.